VEROSÍMIL: ¿MITO O REALIDAD?

ARISTÓTELES OFF
“Lo imposible verosímil debe ser preferido a lo
posible pero no convincente”

Muchas veces escuchamos o decimos la palabra “verosímil”, pero cuando hablamos de audiovisual, el sentido en que lo hacemos, no siempre es correcto. Para empezar a entender sobre esto, es esencial definir el contexto dentro del cual algo es verosímil o no.

Cuando escribimos una historia, en el formato que sea, lo hacemos estableciendo ciertas “reglas” que son únicas y propias de ese universo creado. Dichas reglas son una suerte de pautas que el autor establece y el espectador acepta. Es una especie de convenio tácito entre ambas partes, que le permite (sobre todo al espectador) participar del relato como si lo estuviera viviendo en carne propia. Después de todo, creamos fantasías para que otros fantaseen.

Muchas veces, me ha tocado escuchar que el verosímil es lo que “se parece a la realidad”. Incorrecto. ¿O es que acaso han visto a algún ser humano volar como Superman? Lamentablemente, volar no se parece a la realidad. ¿Cuántas veces nos ha sucedido que vemos una situación en la calle y pensamos: “si lo viera en una película no lo creería”? La realidad, muchas veces es absurda e inverosímil. Por eso, no importa que algo haya ocurrido “realmente”, al momento de incluirlo en un relato, la reflexión o el análisis que hagas, debería ir por otro lado. Ya lo verás.

Entonces, volviendo a la definición de verosímil, podríamos decir que es lo que se percibe como “real” dentro del universo de la historia que estamos viendo. Claro que, para que esto suceda, es vital que se respeten las “reglas” establecidas para cada relato dramático. Es entonces, cuando creemos en sables laser, súper héroes con visión de Rayos X y viajes en el tiempo.

Hasta aquí, todo parece muy simple. Dos más dos, cuatro. Pero el caso es que, más de una vez, caemos en nuestras propias trampas y somos devorados por el monstruo que hemos creado. ¿Cómo? Plantando incoherencias entre el relato y las reglas del universo creado. ¿Nunca te preguntaste por qué el “Cyborg liquid metal” de “Terminator 2” no se convierte en el “Cyborg Terminator T-800” (Arnold Schwarzenegger)?* Sería la manera más rápida de engañar y matar a John Connor (Edward Furlong). El universo pensado por el autor le jugó una mala pasada. Estableció que el “Cyborg liquid metal” podía convertirse en cualquier cosa que deseara y se olvidó que podría hacerlo también con el personaje de Arnold. De todos modos, si hubiera sucedido de tal forma, la película habría terminado al minuto 20, y esa es la razón por la que obviaron tal error. Este es un claro caso de “inverosímil”, pero como la historia es genial y nos atrapó a todos desde el minuto cero, casi nadie se lo preguntó ni se lo pregunta, incluida yo, y en todo caso, el mérito radica allí.

Crear un relato narrativo no es algo que pueda hacerse sólo a partir de un acto catártico. Hace falta pensar, analizar y darle mil vueltas a las situaciones. De lo contrario, tenemos personajes haciendo cosas que jamás harían, eventos forzados y acciones incoherentes.

Cuando el “verosímil” pende de un hilo, la concentración del espectador también. Comienza a hacerse las preguntas incorrectas y su atención se va por las nubes, lo cual hace imposible que la conexión se produzca de una manera normal. Ni hablar de narraciones con múltiples inverosímiles. El atractivo se encuentra en la competencia de quien encuentra más desfasajes.

Como ves, este no es tema menor. Lograr un relato “redondito” como suele indicarse, está ligado al cuidado del verosímil. Plantea, piensa y replantea cada acción, situación, escena, diálogo, tantas veces como sea necesario. No cometas el error de tener grietas que atenten contra tu película, porque ese es el camino más corto hacia el fracaso.

 

*Gracias Valeria Amato por hacérmelo notar.

 

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