¿PERSONAJE Y PERSONA?

SYD FIELD OFF

“Un buen personaje ha de intentar ganar o terminar algo a lo largo de la trama”.

 

Pero… ¿qué debe tener para hacerlo? La respuesta es fácil: una motivación de carácter personal que lo impulse a seguir adelante. Un deseo o necesidad que deberá seguir para cumplir la meta que su creador ha pensado para él en la ficción.

 

Un personaje sin motivación es un personaje susceptible de abortar su misión en medio de la película. Y no queremos quedarnos rengos a mitad de camino… ¿o sí? Pues, si la motivación es débil, el espectador comenzará a preguntarse por qué nuestro personaje sigue enceguecido tras su meta cual perro detrás del conejo. Por el contrario, si tiene la convicción de lograr su objetivo a como dé lugar, aparecerán miles de obstáculos, pero jamás claudicará ante ninguno.

 

Veamos el ejemplo de “Rogue One”, el primer spin off de la saga de “Star Wars”. Si la protagonista de la historia, Jyn Erso (Felicity Jones), no tuviera como motivación personal hacer justicia por su padre y así, limpiar su nombre, ¿emprendería la misión suicida de robar los planos de la Estrella de la Muerte? Sin lugar a dudas, no. Pero como ya sabemos, la motivación de Jyn no está en tela de juicio y, por ende, lo que la audiencia piensa de ella es: antes muerta que derrotada.  Habemus verosímil y un espectador estaqueado a su butaca.

 

Ahora bien, ¿cómo elegir la correcta motivación para nuestro personaje? Para lograrlo exitosamente, es vital saber que debemos conocerlo mejor que a nosotros mismos. Cada personaje, como cada persona, es (o debería ser) único e irrepetible y actuar en consecuencia. Para esto, una vez que tengamos los lineamientos básicos definidos (quién es, cómo es y qué busca), debemos ponerlo a prueba.

 

Imaginaremos tres situaciones límite, muy diferentes entre sí, y nos preguntaremos qué haría nuestro personaje en cada una de ellas. Un buen ejercicio para potenciar esta práctica, es descartar lo primero que se nos ocurra para ir aún más en profundidad hacia el interior de su mente y descubrir quién es realmente, a través de sus acciones.

 

Ya lo dijo Robert McKee, “la verdadera personalidad sólo se puede expresar a través de las decisiones tomadas ante dilemas. Cómo elija actuar la persona en una situación de presión definirá quién es, cuanto mayor sea la presión, más verdadera y profunda será la decisión tomada por nuestro personaje”.