MÚSICA PARA VER

¿Qué pasaría si a las películas les silenciáramos la música? Hoy es muy común hablar del “tema” que suena en tal o cual producción cinematográfica. Sin embargo, más allá de la asociación con el filme, hay otras funciones de la música que un oído no entrenado pasa por alto… tal como debe ser. ¿Por qué? Porque allí es cuando se produce la magia al percibir música e imagen como una unidad sólida y en constante comunión. Si “mutearamos” el componente musical, probablemente, la película cambiaría significativamente en todos sus aspectos.

Veamos por qué sucedería esto, analizando algunas de las funciones de la música para cine:

  

  1. Ambienta las épocas y lugares. En la gran mayoría de los casos, la música nos ubica en el tiempo en que trascurre la historia, sin la necesidad de echar mano a recursos más ordinarios como el año sobreimpreso en pantalla. Claro que siempre hay una excepción que confirma la regla, y se da cuando, de forma buscada, el recurso musical es anacrónico a la época de la historia.                     
  2. Potencia el relato audiovisual. De esta manera, no sólo le otorga un plus al ritmo de la narración, sino que, puede potenciarla de tal modo que el espectador se acerque íntimamente a lo que están sintiendo los personajes. Puede definir sus estados de ánimo y dar a entender sus emociones en determinadas secuencias del relato.    
  3. Sustituye diálogos. Si bien los diálogos son el recurso más frecuente para dar información al espectador, la música puede ser una alternativa muy interesante y enriquecedora para el relato. Puede fortalecer una escena, reforzando el valor de un juego de miradas entre personajes y evidenciando de otra manera, lo que ellos están callando.                                                                                    
  4. Ayuda a distinguir personajes. En historias corales, de múltiples protagonistas, es usual que se haga alusión al “tema de tal personaje” que lo identifica. De este modo, es fácilmente reconocido por la audiencia a través de la música recurrente que lo acompaña. Un claro ejemplo de esto, es la saga de “Star Wars” en la que la mayoría de los personajes principales tienen su propio tema musical.                                                                                         
  5. Implica emocionalmente al espectador.  Sabemos que lo que estamos viendo no es real, y sin embargo lloramos. Este es un punto que marca la diferencia con el resto de las funciones. Si como compositores, logramos que la música conmueva por sí misma, cuando la asociemos a un relato audiovisual, será un combo explosivo con altísimo nivel emocional que quedará impreso en cada espectador para siempre. De esta forma, obtendremos una doble identificación: con los elementos dramáticos de la historia por un lado y con la música por el otro. Si logramos que un espectador “viaje” a una escena determinada cuando escuche el tema musical que la acompañaba, habremos creado una obra maestra.

 

"La pantalla es un campo abierto a la imaginación, un auténtico reto.  El cine es una enorme avenida  hacia los oídos y corazones del gran público, y todos los compositores deberían verlo como una oportunidad musical". 

(Erich Wolfgang Korngiold)