MÚSICA ORIGINAL. ¿CÓMO TRANSMITIRLE AL COMPOSITOR LO QUE QUREMOS?

En una oportunidad me tocó componer la música para una publicidad donde el director pretendía que hiciera 2 “temas” de 2 segundos de duración cada uno y que fueran contrastantes entre si, antagónicos. Evidentemente, el director, había confundido el concepto de “tema”, ya que es imposible que se desarrolle uno con esa duración. Luego de “traducir” su idea al idioma musical, deduje que lo que pedía eran 2  “motivos” contrastantes, a modo de pregunta y respuesta, para luego desarrollar una tercera idea resultante de la variación de ambos “motivos”.

El binomio director - compositor implica muchos malentendidos como éste. Por esa razón, la idea de este artículo es refrescar estos conceptos brevemente, con la idea de que a la hora de pedir una melodía al músico, lo hagamos de la mejor manera posible.

Se dice que los 3 elementos principales de la música son: melodía, armonía y ritmo. La palabra “melodía” proviene del griego “melos” que significa “sucesión de sonidos”. Esto implica el análisis “horizontal” de los mismos. La superposición de varios sonidos al mismo tiempo, el análisis “vertical”, se contrapone a esta idea y se denomina, “armonía”. En la melodía, el tiempo ocupa un rol importante y la duración de los sonidos que se van sucediendo, dan aparición al concepto del “ritmo”.

Así como en el lenguaje verbal se pueden distinguir palabras, frases o párrafos, que componen una idea, en el lenguaje musical las melodías también se componen de estructuras más pequeñas. Por ende, en una melodía podemos distinguir tres variables: motivo, frase y tema.

Desde esa lógica, podemos deducir que lo que llamamos “motivo” es la unidad estructural de todo el discurso melódico, el gérmen que, por lo general, aparece siempre al principio de la obra y luego se repetirá, adoptando distintas variaciones. Estas, serán el material para componer frases que, a su vez, formarán uno o más temas. El ejemplo más claro de un “motivo” es el “pa – ra – pa – pa” con el que comienza la 5ta sinfonía de Beethoven. Y el resto de la obra, es un buen ejemplo para analizar como se va repitiendo y variando el mismo motivo inicial, dando lugar a frases y temas.

El “motivo” muchas veces también es llamado “célula”, por esa misma razón de ser una “unidad estructural”. En términos de tiempo real, por lo general, el “motivo” es una idea característica bien rítmica, melódica o una combinación de ambas, cuya duración es de pocos segundos.

No debemos confundir “motivo” con el término de “leit motiv”. Este último viene del alemán “leiten” que quiere decir “guiar”, “conducir”, “dirigir” y “motiv” que significa “motivo”. Está ligado al concepto “wagneriano” de describir o identificar musicalmente (con un motivo) una situación, personaje o cosa. Mayormente usado en géneros dramáticos, por lo general, es de duración un poco más extensa que el “motivo” y hay quienes lo consideran como un desarrollo rítmico – melódico concluido en si mismo, y no una “unidad estructural” de una idea.

La repetición y variación del “motivo” da lugar a secciones de mayor longitud que pueden definirse como “frases”. Entonces, una frase, es un desarrollo melódico con sentido propio, concluido en si mismo, integrado por ideas que forman subdivisiones más pequeñas. La dinámica musical siempre está regida por la relación tensión – distención/reposo. El equilibrio entre ambas variables determina, por lo general, dichas subdivisiones.

Ahora bien, para finalizar, la sumatoria de dichas frases determina el “tema”, que es la concreción del ciclo melódico completo. La unidad formada de la unión de esas “frases” que mencionamos anteriormente. Muchas veces “tema” y “melodía” son sinónimos, porque constituyen el centro de una obra musical, sobre cual se desarrolla toda la composición. No obstante, siempre es bueno aprender la manera correcta de pedirle al músico lo que queremos. Eso facilitará el trabajo desde muchos puntos de vista, pero sobre todo, te ayudará a llegar a destino por un camino más corto.

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