LA ONDA EXPANSIVA DEL CINE

D.B. WEISS OFF

"Quería escribir algo que nunca se hubiera hecho ni en cine ni en televisión. Y ahora estoy seguro de que lo hemos conseguido. [...] Cuanto más alto te pones el listón, más real se vuelve lo fantástico”. (Sobre Game of Thrones)

Desde el nacimiento del cine hasta la actualidad, el lenguaje audiovisual fue cambiando progresivamente conforme a la manipulación de nuevas tecnologías y la aparición paulatina de todos los medios de comunicación que se conocen hasta hoy.

Esta manera de comunicar, a través de lo audiovisual, fue creciendo a partir de la extensión del cine y su estética hacia estos otros medios. Esto podría formar parte de lo que algunos llaman el “cine expandido” (o no, como gusten), que no es ni más ni menos que sacarlo de su lugar común y ampliarlo hacia otras formas de experimentación.

Con la aparición de su hermana menor, la TV, el código audiovisual tal como se conocía, experimentó ciertos cambios para adaptarse a esta nueva forma de contar historias. Nuevos formatos, nuevas técnicas, y un lenguaje adaptado a costos de producción más bajos y expeditivos.

La televisión le daría forma a una nueva manera de producir contenidos audiovisuales: más producción en menos tiempo. Eso moldearía un lenguaje más sencillo desde todo punto de vista. Cada área simplificaría su manera de contar con imágenes, lo que daría un resultado “televisivo” con producciones de una calidad técnica moderada, una narrativa escueta y una producción modesta.

Claro que, este modelo de producción no duraría por siempre. La onda expansiva de la pantalla grande, no tardaría en llegar a los contenidos de televisión. Tal fue el impacto de esta “fusión”, que los límites que los diferenciaban se vieron completamente desdibujados.

Hoy, la televisión produce contenidos con un lenguaje que era propiedad exclusiva del cine: guiones complejos en todos sus aspectos, elevados costos de producción, máxima calidad de imagen, puestas en escena arriesgadas, ritmos de edición funcionales a la trama, locaciones imponentes y tiempos de trabajo menos tiranos.

Series televisivas como “Game of Thrones” no tienen nada que envidarle a las magnánimas producciones cinematográficas de época, y en gran parte, la exigencia de los nuevos espectadores ha sido crucial en esta transición.

Los tiempos han cambiado y lo siguen haciendo con la incursión de Internet y el consumo “On Demand” que suma competencia y obliga a elevar la vara. Escribir y producir para una audiencia pasiva que se conforma con chauchas y palitos, poco a poco, está dejando de ser un negocio rentable.

Hoy ganan los arriesgados, los que se atreven a contar historias nuevas, los que crean formatos innovadores, los que apuestan a un espectador activo e inteligente. Siempre habrá un enorme margen de error para ellos, pero jamás se arrepentirán de no haberlo intentado.