El ojo analítico: "LA LA LAND: ¿UNA HISTORIA DE AMOR?"

Como todos los años, luego de los premios de la academia, los filmes ganadores se posicionan en un nuevo podio. Mercados que se abren para productores y distribuidoras; y nuevas vidrieras a películas que no habían llegado a tener repercusión mediática. Ni hablar de más reseñas y críticas sobre obras que deberían haber merecido los apreciados galardones del tío Oscar. Sí, señores antes durante y después de la gala, están las críticas y los negocios, así fue siempre.

Pero esta edición, ya todos saben, fue especial e histórica debido al lamentable error cometido en el anuncio del rubro mejor película, rubro que además cosecha ya varias controversias. A esto se le suma que la academia este año otorgó 14 de nominaciones al filme “La la land” convirtiéndola en una de las favoritas, compartiendo un record histórico junto a “Titanic” y “La Malvada”. Filme del cual hablaremos haciendo un análisis del contenido dramático y los recursos narrativos.

Algo que tiene mérito en “La la land” es que su director Damien Chazelle, se animó a transitar el género “musical” con una película de “momentos musicales” (secuencias y cortes), técnicamente audaz; una prolija pieza de colores y música, con una gran puesta coreográfica.

El filme es un homenaje que remite a la ciudad de los sueños: Los Ángeles, y su industria; temática abordada en clásicos como Sunset Boulevard de Billy Wilder o Mulholland drive de David Lynch. Hollywood como epicentro de los dramas en la búsqueda del éxito.

Pero en guión no todo es de color rosa para la favorita. Su trama se rige por el género “romántico” con tintes melodramáticos que giran en torno a un argumento simplista. Pero bien, así son las reglas del juego dentro del sub-género y esta elección podría tomarse como un valor agregado y no una dificultad dramática.

Pero vayamos a los “ruidos” de la partitura del filme. Algo que hay que destacar es el tagline del filme: “Una historia de amor”. A simple vista, cuando el filme comienza, se muestra un encuentro de pareja típico del culebrón de las cuatro de la tarde, “choque-desencuentro”.  Esto nos da entender que el género se basará en ese clásico melodrama romántico y “estos dos” que no se toleran terminarán juntos, pero (spoilers) no se terminan cumpliendo los requisitos básicos del género. El espectador que busca ese happy ending del beso final se queda con las ganas porque sucede todo lo contrario. Aunque aclama a viva voz homenajes a varios finales clásicos del género drama y filmes de espionaje, rompe de forma brusca con la esencia de lo romántico, y todo el esfuerzo dramático está colocado en una expectativa final trunca.

Ahora profundicemos este cierre de la premisa. Vayamos a este final que deja un mensaje claro: “no importa con quien, sólo cumple tus sueños”. Un claro relato de lo que quizás representa el amor en estos tiempos, “un amor en tiempos de Tinder”. La acción de la bella protagonista se basa en seleccionar y descartar.

Es aquí donde está el punto con el cual se tira por la borda todo lo sembrado anteriormente. Como diría el pensador Bauman, esa especie de amor líquido que se diluye, que no es importante, que habla del individualismo, y de sólo acatar las órdenes del ego. Obtener un fin, sin tener en cuenta el amor o el acompañamiento del otro, sólo mostrar o experimentar el ideal de la “pareja perfecta” como excusa de entretenimiento en tránsito. “La pareja descartable para el baile”; el tema puede ser una gran y acertada crítica, una observación de lo que sucede en la generación millennials donde el amor ya no es importante, donde uncompromiso carece de una base sólida.

 En cambio, el amor, o mejor dicho la pasión por cumplir sueños, es lo único importante. El cometido del amor que se vende al principio de la película, en realidad, nunca existió. Lo importante era llegar a ser una estrella de Hollywood. El amor solo se revela con contrastes adolescentes y se afianza en su desarrollo danzante, con cuadros coreográficos dentro una relación acartonada, “escenográfica” por momentos, con tintes de Disney Company y con homenajes a grandes clásicos muy lavados (y sabemos que lavar muchas veces, destiñe).

En cuanto a los personajes, podemos encontrar fisic du rol como clásicos retratos de revistas cosmos y sin muchas capas. Unidireccionales en sus objetivos; lo que hace que sean predecibles en su motor motivacional. ¿Objetivo fácil de lograr? Parecería que no, pero no tienen un supra-conflicto o una mega aventura (camino) que ambos no superen con éxito trabajando por sus sueños, ya que son talentosos en ello. ¿Conflictos internos? Sólo los que nacen de la relación en la pareja, como universos que no contienen nada más allá de sus metas profesionales. Una nube de felicidad melancólica que logra transmitir pequeños rasgos de vanidad de ambos, entre el evidente esfuerzo (por cierto, muy valorado) de seguir los pasos de la coreo, como invitando a conocer la cara real de los actores y no la de los personajes.

Pero vayamos a lo que no se debe cometer en el buen cine narrativo: errores con los “Implantes”, es decir, colocar personajes que son necesarios para una situación y sacarlos de la nada. Novios que salen de la galera del mago para justificar situaciones, sin anticipación o presentación alguna. Una especie de moda impuesta por “Batman vs Superman” que se repite, esta vez en un filme que propone otro género y otro vuelo, y que por eso resulta un tanto llamativo.

También la trama se da tiempo para incluir un dibujo caricaturesco de un guionista, un “fan nerd” que en cada situación se torna más pesado y más rechazado. Un personaje que es un guiño al rol, y está allí con un solo objetivo: que los personajes rechacen sus palabras. Claro es musical, se necesita bailar no hablar y en eso podemos debatir si la fuente de la comunicación son las palabras como se sugiere en “Arrival”, “Manchester frente al mar” y “Moonlight”, que giran frente a lo que se dice, tras secretos ocultos y donde la palabra es la fuerza dramática.

También en “La, La, Land”, tenemos un argumento que inicialmente propone una gran secuencia de transformación y que en su arco hacia la crisis pierde altura, inyectando importancia a los momentos musicales sin avanzar en complejidades dramáticas. Un clímax que conmueve por su giro y es efectivo en la resolución. Como diría Robert McKee, lo importante es el final, todos recuerdan el final. Quizás es esta fibra emotiva la que tocó los corazones de los espectadores y ese es quizás el mayor acierto. Las miradas de los dos hacia algo que fue de pasada, como “siempre nos quedara París”, pero cambiando de ciudad.

Un filme que técnicamente conmueve, con un director y guionista joven y muy talentoso; un artista que viene sorprendiendo con obras (a mi parecer enormes en comparativa a ésta), pero esta vez, con un argumento sin demasiado vuelo que propone como motor del filme la estética y los homenajes al género. Una obra sin grandes posibilidades en el rubro guión original, más allá de la nominación otorgada. El resto queda en gustos. El disfrute del séptimo arte es eso y esta obra ha cautivado y hecho feliz a muchos, un mérito para aplaudir, sin dudas.