DOCUMENTALES: ¿UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN?

CESAR COLETTI OFF
“Todos los aspectos de tu vida, están moldeados por la historia misma”

 En varios de nuestros artículos, ya hablamos del cambio de paradigma que está ocurriendo en el mercado audiovisual. Así como ahora, tienen lugar los nuevos formatos, los viejos están quedando atrás y obligados, de alguna manera, a reinventarse en el marco de la coyuntura actual.

El auge de las series web de ficción, es un claro ejemplo de este cambio. La producción de este formato, creció vertiginosamente en los últimos tres años. Hay tanta oferta que ni el más “seriéfilo” alcanzaría a ver, siquiera, el 30 por ciento de lo existente.

Claro que, no debemos olvidarnos de los formatos de género documental tradicional, que de a poco van quedando relegados a un sector que se distribuye entre festivales y circuitos de difusión menos masivos. ¿Será que estamos camino a la extinción del documental? No lo sé. El caso es que hay ciertas temáticas que hoy se consideran como algo “de culto”.

En comparación con las producciones de ficción, la porción de producción documental es casi insignificante, tanto en formato serie, como en cinematográfico. Netflix, es una de las pocas empresas que aún sigue apostando (con modestia) a la realización de productos como “Amy”, un documental biográfico sobre la vida de Amy Winehouse.

El documental sociológico, etnográfico, etnobiográfico, más clásico y tradicionalista, está teniendo una relevancia mediática o de venta, cada vez menor. Sin embargo, los formatos más ligados al género de docuficción o con tintes de reality, siguen conservando un lugar de prestigio en la televisión. Y, si bien, no se producen con el objetivo de ser transmitidos por streaming exclusivamente, son derivados hacia allí por las grandes cadenas como History Channel, Animal Planet o Discovery, que tienen sus plataformas online.

La forma de hacer documental mediante un modelo más industrializado (por decirlo de alguna manera), está ligada al estilo y las demandas de estas cadenas que “viven” gracias a este formato. Las producciones que allí se estrenan año tras año, son documentales que están pensados y escritos para ser realizados mediante los recursos narrativos y estéticos propios de la ficción.

Desde el punto de vista de guion, se utilizan las mismas herramientas con las que se plantea cualquier serie de ficción, desde cada uno de los factores que la componen: estructura, personaje, narrativa, y por qué no, diálogos. El ritmo del relato está trabajado con los principios básicos de este tipo de formatos.

Todo esto se debe a la mutación que ha sufrido el espectador en los últimos tiempos. En un contexto donde la ausencia de estímulos es una utopía, necesitamos captar su atención como sea. Y sólo hay una manera de lograrlo: el impacto.

Hoy, tenemos un espectador demasiado cambiante y variado en sus gustos; y un contexto de ofertas múltiples por doquier. Ese es el punto de partida desde el cual debemos comenzar a pensar en nuestras producciones propias. La primera pregunta es: ¿cómo lograr que el espectador actual ponga atención a mi relato? No importa si es ficción o documental, para hacernos esta pregunta no hay distinción de género.

Debemos utilizar una narrativa que impacte y atrape a nuestro espectador. Personajes con los cuales generar empatía. Conflictos con los que identificarse. Una estructura dinámica con escenas contundentes. Tiempo atrás, quien escuchara esto, deduciría que hablábamos de ficción. Hoy, este lenguaje se aplica al documental de la misma manera y con los mismos fines. Quien no pueda aceptarlo y se rehúse a adaptarse, quedará al margen del mercado.